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martes, 12 de abril de 2016

La mirada de Lía García para #altamiraedu

Salí de ver la película Altamira con una frase de otra película en la cabeza. 
 En la película Thor, Natalie Portman usa unas palabras de Arthur C. Clark “La magia es la ciencia que aún no ha sido descubierta”. 

En mi casa, repetimos esta frase casi a diario, que no sepamos explicar algo no quiere decir que no exista y no tenga explicación. Al ver a un Marcelino Sautuola derrotado, reflexionando con pena y lucidez sobre que la ciencia, al final está hecha por personas y adolece de nuestros defectos, recordé esta frase, un precioso pensamiento contra los fundamentalismos, también contra los fundamentalismos científicos. 
A los científicos, a veces se nos olvida y también se le olvida a esta sociedad tan científicamente fundamentalista en ocasiones. No sobra esta reflexión, necesitamos poder mirar la ciencia con ojo crítico, sabiendo que detrás hay personas, con todas nuestras genialidades y todas nuestras limitaciones. 
Los cambios de paradigma científico son difíciles y a las personas, y los científicos también lo somos, nos cuesta cambiar todo ese marco común de creencias que forma el paradigma en el que nos manejamos. Pero es precisamente gracias a estos descubrimientos, como el de las pinturas de Altamira, que tambalean todo lo que creíamos (si somos lo suficientemente valientes como para mirarlos a la cara y no poner excusas) los que hacen que la ciencia avance. De pronto un descubrimiento, una nueva teoría, rompe ese marco común y se produce una revolución científica que pone de cabeza lo que parecía evidente. Y vuelta a empezar.
Para que esta revolución científica pueda producirse y podamos pasar de paradigma, es imprescindible mirar la realidad con ojos limpios de prejuicios, como hace María Sautuola, que ve donde los demás no ve. Es ella la que ve los bisontes antes que nadie, porque no está condicionada por lo que se supone que debería ver. Los grandes descubrimientos científicos surgen de aquellos que son capaces de desarrollar miradas creativas, sin la presión de lo que se sabe, de lo que debería ser.
Pero eso sólo no basta, si la mirada creativa no va acompañada de perseverancia, de búsqueda de explicaciones, de análisis valiente y certero de las dudas, nada avanza. Eso hace Marcelino Sautuola, busca una explicación para la realidad que no cuadra, para esa cueva sin marcas de humo. Es consciente de que ahí hay un hueco, una debilidad que necesita ser resuelta. Y no se olvida de ello, ni lo tapa con explicaciones rebuscadas. Busca, busca y busca hasta que encuentra la lámpara de sebo.

Tres pequeños apuntes sobre la ciencia y la vida que me ha sugerido Altamira.
                                                                                               Lía García
                                    Responsable de la Comisión de educación de Hisparob

domingo, 10 de abril de 2016

Si ella hubiera nacido hombre... #altamiraedu



De los tres hijos de la familia Sanz de Sautuola solo sobrevive María Justina, una niña sobre la que hemos logrado encontrar muy pocos datos a pesar de ser la protagonista de uno de los hallazgos más importantes de la arqueología española. Cuando María tiene nueve años descubre de forma casual una manada de bueyes pintados en el techo de la cueva que su padre está explorando en Altamira. La escena forma parte de lo que luego se ha dado en llamar la Capilla Sixtina del arte prehistórico.

María ha crecido en un ambiente culto, en una casa con una gran biblioteca y con un padre que, convencido del poder de la ciencia, salta muros, derriba paredes, y busca el conocimiento allá donde se encuentra. Investiga, contrasta, cuestiona...

A María muchas de nosotras la hemos conocido siendo protagonista de la película Altamira. Una película en la que se nos presenta como una niña inquieta y curiosa que contagiada por el espíritu científico de su padre se hace todo tipo de preguntas sobre la realidad que la rodea. Pero María, además de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas tiene una madre muy preocupada por su educación. Una mujer que, podemos imaginar, se ocupa también de que su hija aprenda a leer, escribir, sumar y restar, tocar música, además de mostrarle cómo deben comportarse las mujeres en sociedad.

A pesar del interés científico que le empuja a buscar la verdad, en su tránsito hacia la vida adulta la niña María es víctima de la época en la que le toca vivir y como muchas otras mujeres interesadas en el conocimiento es apartada del mismo y abocada al papel social de la reproducción y de los cuidados familiares. María, de hija curiosa pasa a ser madre amorosa, cumpliendo así con su destino y robando a la ciencia y al progreso de la humanidad una mente brillante, llena de inquietud y ávida de saberes.

Si María hubiera nacido hombre sería fácil encontrar datos sobre su biografía, porque probablemente habría seguido los pasos de su padre y habría continuado la investigación que Marcelino dejó inconclusa. Y seguro que en la biblioteca de la casa habría realizado más de un encuentro con otros hombres científicos con los que habría visitado la cueva de Altamira.


Si María hubiera sido Mario, después de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas habría saltado muros, derribado paredes, y buscado el conocimiento allá donde se encontraba. Habría investigado, contrastado, cuestionado para dar respuesta a todas las preguntas que continuamente se hacía sobre la realidad que le rodeaba. Y su madre, preocupada por la educación de su hijo, habría aceptado su interés científico y le habría enviado a estudiar a alguna de las universidades del país para que se convirtiera en un profesional de la ciencia.


Pero si María hubiera nacido mujer y lo hubiese hecho en nuestra época, hubiera tenido la suerte de poderse zafar de su destino único de madre y ama de casa. Hubiera ido a la escuela, al instituto, e incluso podría haber accedido a la Universidad donde habría estudiado una carrera.

Si María hubiera nacido en este siglo, habría muchas posibilidades de que se hubiese interesado por la ciencia y la tecnología, el arte, la religión, la filosofía... y hubiera sido muy interesante que, influenciada por su espíritu curioso, hubiera decidido a dedicarse a una profesión mágica cuyo principal objetivo es despertar en las personas más jóvenes el interés por el conocimiento.

Porque el mundo de la educación necesita muchos maestros y maestras preguntones


Inspirado en el texto de Eduardo Galeano "Si el hubiera nacido mujer"

martes, 22 de marzo de 2016

Mujer hoy recomienda esta película por...#altamiraedu


                                                                                                                                                                                                                                    




 Recomendamos leer lo que cuenta MUJER HOY en relación a esta película
por ROSA GIL
  • Retorno a un momento mágico "¡Mira, papá, bueyes pintados!". Cuando Marcelino Sanz de Sautuola levantó la vista, la arqueología mundial dio un vuelco. Acababa de descubrir las pinturas de la cueva de Altamira. Gracias a la película Altamira (estreno, 1 de abril) podremos viajar a ese momento (pre)histórico.
  • El ciclón Banderas Antonio Banderas, nuestro malagueño favorito, interpreta a Sanz de Sautuola, padre entregado y arqueólogo amateur acusado de fraude.
  • Un casting internacional Dirige Hugh Hudson (responsable de la oscarizada Carros de fuego) y, junto a nombres patrios como Irene Escolar o Tristán Ulloa, el casting está lleno de nombres internacionales, como Rupert Everett, Pierre Niney (Yves Saint Laurent), Henry Goodman o Nicholas Farrell.
  • Una niña con mucho futuro La película está vista desde la perspectiva de María Sanz de Sautuola (Allegra Allen), la hija y compañera de excursiones de Marcelino, que pudo ver ratificados los descubrimientos de su padre. Un dato: aquella niña fue bisabuela de Emilio Botín.
  • Con todos los sentidos La banda sonora está compuesta por Mark Knopfler, que trabajó en este proyecto junto al también ex Dire Straits Guy Fletcher. La emoción que transmite la música viaja de las brumas del Támesis, donde la compuso Knopfler, a las neblinas cántabras.
    • Contra ciencia y religión El descubrimiento fue atacado por la Iglesia (era incompatible con la interpretación literal de la Biblia), pero también por la ciencia. El gran arqueólogo Émile Cartailhac (Niney en la cinta) acusó a Sanz de fraude. Se disculpó, años después, en Mea culpa de un escéptico.
    • Para saber más... Encontrarás todos los detalles de esta controversia en los libros Altamira, historia de una polémica (Stella Maris), de José Calvo Poyato; y toda la historia del hallazgo en Sanz de Sautuola, historia de un descubrimiento, de Benito Madariaga (Fund. Botín).
    • Viaje en el tiempo ¿Quién necesita decorados cuando tiene a mano Santillana del Mar o Comillas? La película se rodó, en gran parte, en estas dos poblaciones, que mantienen el sabor del siglo XIX.
    • Arqueología viva No hace falta una razón especial para visitar la Neocueva y el Museo de Altamira, en Cantabria. Pero, después de ver Altamira, es imprescindible. Si vas con niños, visita la Museoteca. Si eres de arte contemporáneo, la instalación de Concha García La sala de no ser.
    • Un acercamiento novelado ¿Cómo escribir ficción sobre una época de la que apenas sabemos nada? La estadounidense Jean M. Auel lo logró con su saga Los hijos de la tierra. El último volumen, La tierra de las cuevas pintadas (Maeva), está inspirada en el arte de la cueva de Altamira.

domingo, 6 de marzo de 2016

VEO, PIENSO Y ME PREGUNTO


¿QUÉ VEO?
Veo en el encabezado del blog una foto de formato rectangular, en tonos ocres y anaranjados, y en el extremo izquierdo veo la imagen de una niña que lleva una fuente de luz y que da la espalda a la cámara. La escena está ubicada en una caverna, la niña va vestida con un delantal de otra época y coloca su mano sobre la pared.

¿QUÉ PIENSO?
Pienso que se puede tratar del fotograma de la película Altamira que recoge el momento en el que María, la hija de Marcelino Sanz de Sautuola descubre las pinturas de Altamira. La niña está en una zona oscura de la caverna y coloca su mano sobre lo que intuyo es la huella de una mano pintada en la pared.  Creo que esta niña puede tener cierto temor porque está en un entorno solitario y desconocido. Imagino que la curiosidad que le produce descubrir una imagen impresa en la pared puede más que su miedo y le empuja a investigar, a conocer, a experimentar, a aprender...

¿QUÉ ME PREGUNTO?
Me pregunto por qué ninguno de los maestros y maestras que me hablaron de la prehistoria me dijo nunca que las mujeres podían haber jugado en ese periodo histórico un papel diferente al de recolectoras de alimentos y cuidadoras de los más pequeños .


Me pregunto por qué la mayoría de los libros de texto en los que se concentra el “saber” sobre determinados temas han decidido ignorar la posibilidad de que las mujeres fueran autoras de las diversas pinturas que se han encontrado en Altamira y en otras cuevas prehistóricas.

Me pregunto por qué hasta años después de haber estudiado la carrera de Bellas Artes no encontré el primer libro que ponía en duda la versión oficial de una Historia del Arte que invisibilizaba los aportes artísticos de las mujeres y no es hasta 2006 que un museo, el Museo de la Pehistoria de Valencia dedica una exposición al tema. Las mujeres en la prehistoria

Y me pregunto también, como ya lo hizo Eduardo Galeano en "Espejos. Una Historia casi Universal" ¿O eran ellas?


Si quieres tener más información puedes seguir el tablero Tagmer ALTAMIRA: Mujeres y prehistoria