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domingo, 10 de abril de 2016

Si ella hubiera nacido hombre... #altamiraedu



De los tres hijos de la familia Sanz de Sautuola solo sobrevive María Justina, una niña sobre la que hemos logrado encontrar muy pocos datos a pesar de ser la protagonista de uno de los hallazgos más importantes de la arqueología española. Cuando María tiene nueve años descubre de forma casual una manada de bueyes pintados en el techo de la cueva que su padre está explorando en Altamira. La escena forma parte de lo que luego se ha dado en llamar la Capilla Sixtina del arte prehistórico.

María ha crecido en un ambiente culto, en una casa con una gran biblioteca y con un padre que, convencido del poder de la ciencia, salta muros, derriba paredes, y busca el conocimiento allá donde se encuentra. Investiga, contrasta, cuestiona...

A María muchas de nosotras la hemos conocido siendo protagonista de la película Altamira. Una película en la que se nos presenta como una niña inquieta y curiosa que contagiada por el espíritu científico de su padre se hace todo tipo de preguntas sobre la realidad que la rodea. Pero María, además de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas tiene una madre muy preocupada por su educación. Una mujer que, podemos imaginar, se ocupa también de que su hija aprenda a leer, escribir, sumar y restar, tocar música, además de mostrarle cómo deben comportarse las mujeres en sociedad.

A pesar del interés científico que le empuja a buscar la verdad, en su tránsito hacia la vida adulta la niña María es víctima de la época en la que le toca vivir y como muchas otras mujeres interesadas en el conocimiento es apartada del mismo y abocada al papel social de la reproducción y de los cuidados familiares. María, de hija curiosa pasa a ser madre amorosa, cumpliendo así con su destino y robando a la ciencia y al progreso de la humanidad una mente brillante, llena de inquietud y ávida de saberes.

Si María hubiera nacido hombre sería fácil encontrar datos sobre su biografía, porque probablemente habría seguido los pasos de su padre y habría continuado la investigación que Marcelino dejó inconclusa. Y seguro que en la biblioteca de la casa habría realizado más de un encuentro con otros hombres científicos con los que habría visitado la cueva de Altamira.


Si María hubiera sido Mario, después de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas habría saltado muros, derribado paredes, y buscado el conocimiento allá donde se encontraba. Habría investigado, contrastado, cuestionado para dar respuesta a todas las preguntas que continuamente se hacía sobre la realidad que le rodeaba. Y su madre, preocupada por la educación de su hijo, habría aceptado su interés científico y le habría enviado a estudiar a alguna de las universidades del país para que se convirtiera en un profesional de la ciencia.


Pero si María hubiera nacido mujer y lo hubiese hecho en nuestra época, hubiera tenido la suerte de poderse zafar de su destino único de madre y ama de casa. Hubiera ido a la escuela, al instituto, e incluso podría haber accedido a la Universidad donde habría estudiado una carrera.

Si María hubiera nacido en este siglo, habría muchas posibilidades de que se hubiese interesado por la ciencia y la tecnología, el arte, la religión, la filosofía... y hubiera sido muy interesante que, influenciada por su espíritu curioso, hubiera decidido a dedicarse a una profesión mágica cuyo principal objetivo es despertar en las personas más jóvenes el interés por el conocimiento.

Porque el mundo de la educación necesita muchos maestros y maestras preguntones


Inspirado en el texto de Eduardo Galeano "Si el hubiera nacido mujer"

martes, 5 de abril de 2016

Emociones en pantalla grande, Altamira

Emociones en pantalla grande, la película Altamira

por Dolores Álvarez @peralias

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Ayer, al asistir al cine, tuve la suerte de disfrutar con la película Altamira, son sensaciones agradables que te producen un bienestar porque has aprendido algo que desconocías y porque en realidad ese conocimiento te lleva a unas reflexiones que hacen que tu cerebro permanezca atento a cada detalle para después poder comentar, compartir, valorar y sentir con gente que han hecho lo mismo que tú y que han disfrutado con ello.

Me encantó la película, me quedé con ganas de más. Quizás me hubiese gustado ver, en sueños de algunos de los actores o actrices, cómo era la gente que se suponía que había hecho esas pinturas. Cómo la vida del padre se fue deteriorando, quizás por la tristeza de la imcomprensión de la comunidad científica y de su entorno más inmediato, hasta llegar a su fallecimiento. Cómo aceptó la niña esa enfermedad y pasó a tomar el relevo en las investigaciones.


“El cerebro del niño se configura adaptándose a su ecología social, especialmente al clima emocional proporcionado por las personas más importantes de su entorno” (Goleman)

El cerebro de María, la niña que descubre las pinturas en la cueva de Altamira, estaba imbuido de ciencia, de investigación, de aprendizaje por descubrimiento, del disfrute por aprender, de creer en lo que haces y no en lo que te dicen. María era curiosa, se hacía preguntas, se emocionaba aprendiendo porque su padre se lo presentaba con verdadera emoción y la hacía partícipe de sus descubrimientos, ella y su padre compartían una investigación que realmente los llevaba por el camino del aprendizaje más significativo, ese que te queda en tu poso cultural y que nunca vas a olvidar, ese que no hace falta que memorices porque ya con el contárselo a la gente lo estás memorizando y queda plasmado en tu cerebro ocupando un hueco para siempre.

Es emocionante ver la relación del padre, Marcelino, con la hija, María. Es un verdadero ejemplo de cómo la educación debe ser expandida porque se aprende en cualquier sitio, no solo en los centros educativos, porque “sucede en cualquier momento, en cualquier lugar” (zemos98). María hizo ese descubrimiento porque se le dio la posibilidad de acompañar al padre en las investigaciones de la cueva, de otra forma no hubiese sido posible, su padre creía en ella, no la menospreció ni por el hecho de ser mujer ni por el hecho de ser una niña pequeña (9 años) (situaciones muy frecuentes en la época en que se suceden los hechos, s.XIX).

Marcelino, a pesar de la incomprensión por todos lados de sus hallazgos, se mantenía firme y no disparató sus emociones en contra de aquellos que sí lo ridiculizaron, el científico más cercano y esa eminencia francesa que vino a disculparse a los 20 años, cuando ya Marcelino había fallecido. Él se atrevió a ir a Lisboa, con firmes convicciones de que lo que había descubierto era verdad y que no iba a tener aplausos por esa comunidad de científicos, lo vemos en su voz firme, en su rostro, en sus planteamientos, al espectador lo embauca por completo y lo pone de su lado (Antonio Banderas hace un gran papel). Por contra, tenemos a los otros científicos que no abren sus mentes al entendimiento, que cierran las puertas a las nuevas ideas, que se siguen situando en su zona de confort y no dan validez al hallazgo.

La película me hizo sentir, me emocionó y me hizo, una vez más, comprender que la educación debe beber de este arte porque transmite al alumnado un poder que las aulas no poseen. “El cine, la manifestación artística más importante del s. XX, que forma parte del acerbo cultural y artístico de los pueblos, en nuestra sociedad de la información, de la comunicación y de la imagen, es una herramienta para aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir y aprender a ser: los cuatro pilares de la educación” (Celia Carracedo).

Ideas didácticas, descripciones, opiniones y mucho más podéis ver en este blog http://altamirapelicula.blogspot.com.es/

Esta entrada se publicó también en http://blogs.zemos98.org/lacolinadeperalias/2016/04/05/emociones-en-pantalla-grande-la-pelicula-altamira/

sábado, 2 de abril de 2016

Altamira, una película para todo buen docente #AltamiraEDU

Esta mañana hacía mi habitual ronda de preguntas planas para no influenciar y poder escuchar sensaciones y sentimientos. Cuando pasé por un curso de "desahuciados" del sistema a los que habíamos llevado a ver la película Altamira, descubro que el impresentable del profesor de tecnología se estaba saltando el temario de su área y les estaba proyectando imágenes e informaciones sobre la cueva.

Interrumpo, casi con ganas de llamarle la atención al indocente y a sus revolucionarios discípulos, y les hago la pregunta en cuestión. Fría, alejada de cualquier atisbo de pasión que pervirtiese la más mínima chispa que provocase a su vez manipulación alguna por mi parte.
¿Qué les pareció la película?
Si eso no es educación (disruptiva) que alguien haga un experimento y me demuestre lo contrario.

Provocar (te invito a ver algo que nunca verías).
Alumbrar (descubres que te gusta).
Despertar pasiones (quiero saber más).
Saltarse temarios, áreas (lo que importa es el deseo de aprender).

Burro cargado, busca camino. Pero no se equivoquen, no hablo del burro de Tomás de Iriarte (ilustre portuense, maestro fabulador). Hablamos del burro masacrado por la antigua (y en buena medida, persistente educación) al que una vez se le muestran los caminos, ya se aventura solo.

Llamo aparte al citado profesor, para no reprenderlo delante de sus alumnos (como por otra parte merecía) y al cuestionarle por el motivo de tal arrebato, me indica que los alumnos no paraban de preguntarle cosas acerca de la película, de la cueva, de Sautuola.

Sautuola. Ya sabían de su existencia. No los culpo.
¿Cuántos españoles conocían su existencia?

Espero que después de la obra de Hugh Hudson, protagonizada por Antonio Banderas y producida por Alvaro Longoria, Lucrecia Botín y Andy Paterson, algún españolito más tenga conocimiento de una historia que nunca debió permanecer en el olvido.

Esta noche asistí nuevamente a disfrutar de la película. Había prometido llevar a mi hija y a una amiga suya. Su amiga, al terminar la película, comenta que no entiende que no la lleven a ver más películas como esa.

Craso error y doble error. No me voy a extender más al respecto. Ya lo hice en este anterior post:
El burro es un animal en evolución (también, por desgracia, en peligro de extinción). Darwin ya lo argumentó. 

Sin la curiosidad innata y el candil que nos ilumine y nos permita descubrir nuestra propia cueva es imposible disfrutar de nuevos aprendizajes.

La escuela, en no pocas ocasiones, pervierte el orden natural del aprendizaje. Acaba con la curiosidad, con el afán por saber, por descubrir, por ver cómo funciona algo, por preguntar, por imaginar, por crear...

María. - Hago demasiadas preguntas.-

Marcelino.- Nunca se hacen demasiadas preguntas.-
Marcelino Sanz de Sautuola fue un auténtico maestro para su hija. Saltó muros, derribó paredes, llevó el conocimiento allá donde se encontraba. Lo investigó, lo contrastó, lo puso en cuestión... Y también lo contagió.

La educación es, o debería ser, salir al campo, mostrar imágenes en movimiento. No estáticas, sino tal y como se producen.

Educar es cuestionar, es admitir el desconocimiento, para después perseguirlo:
María. - ¿Quién los pintó?-

Marcelino. - No lo sé-
Si en educación no asumimos riesgos, esta se vuelve monótona y aburrida. Convierte en pobre nuestra vida.

Soñar es clave para aprender. Si no logramos que el conocimiento nos impregne de imágenes que nos hagan evocar e imaginar nuevas situaciones, nuevos planteamientos, careceremos de motivos para seguir adelante.

Si lo que experimentamos no encaja con nuestras ideas. Entonces, es que nuestras ideas estaban equivocadas. 

Para investigar, necesitamos humildad. Esa humildad imprescindible para reconocer que lo que creíamos saber, no es válido.

Ante un hecho, no hay que tener miedo. Dejar atrás el miedo a los hechos probados. Los grandes pedagogos ya los probaron en sus praxis educativas desde hace años. Ahora, la neurociencia comienza a corroborar muchos de sus postulados. 

Y ante todo esto, la mujer ya estaba presente en la prehistoria, en el arte, en la ciencia, en la curiosidad. La falta de humildad hizo que lo olvidáramos. Picasso nos lo recordó:
«Después de Altamira, todo parece decadente»
En la escuela nos dan las respuestas y las respuestas las debe encontrar cada uno. Las preguntas no deben corresponder al profesor en los exámenes. Deberían ser patrimonio del alumno. El método científico llevado a la docencia. Sautuola.

Marcelino se cuestiona sobre la imperiosa necesidad de conocimeinto. Se atormenta. Pero en el fondo conoce la verdad. No es la vanidad, sino el deseo: 

¿Qué más necesitas saber? 

Todo. Más preguntas. Entender

Y después, el conocimiento deja de pertenecerte. Debes compartirlo. Debe abandonar tu aula y llegar a la de al lado.


No existe el no puedo. Claro que puedes. Eres un burro en evolución, no lo olvides. Pintar es observar.

Dejarlo en paz ¿para qué?¿ Para seguir encerrados en la ignorancia educativa? El conocimiento nos hará libres. Cuestionar hasta lo que parece incuestionable.

Al propio dogma científico. Si no admite pruebas que desafían su conocimiento, no es ciencia

Ya lo sufrió en propias carnes Sautuola. Era un visionario, el tipo de hombre que despierta la envidia del hombre pequeño, mediocre que juega a ser grande llenando su agenda de inmundicias y cuestionando el que es capaz de innovar realmente.

Marcelino Sanz de Sautuola creía en la ciencia con dogmática fe, olvidando que estaba hecha por el hombre y sometida a sus vanidades e intereses (espurios y envidiosos en tantos casos).

Esto es ciencia:
  • Una idea (una curiosidad, imaginación, un experimento, una prueba, una refutación).
Esto es educación, la educación de Marcelino Sanz de Sautuola. La que se procuraba a sí mismo. La que inducía a su propia hija. 

Docente, te recomiendo que te pongas las gafas modelo Sautuolaque adquieras un lote para tus alumnos (no son caras) y no dejes de ver esta buena película, cargada de valores educativos, científicos, históricos, artísticos, críticos y, después de haberla visto por segunda vez, también metodológicos.


miércoles, 30 de marzo de 2016

Altamira ya tiene un cuadernillo didáctico #altamiraedu

Morena Films, productora de la película Altamira, invita a los profesores de la red social Cero en Conducta a participar en un proyecto educativo que acerque las aulas al cine. 
Para este proyecto, se diseña este cuadernillo, en colaboración con la productora, que se ofrece a las comunidades educativas por si fuera de su interés.

domingo, 6 de marzo de 2016

VEO, PIENSO Y ME PREGUNTO


¿QUÉ VEO?
Veo en el encabezado del blog una foto de formato rectangular, en tonos ocres y anaranjados, y en el extremo izquierdo veo la imagen de una niña que lleva una fuente de luz y que da la espalda a la cámara. La escena está ubicada en una caverna, la niña va vestida con un delantal de otra época y coloca su mano sobre la pared.

¿QUÉ PIENSO?
Pienso que se puede tratar del fotograma de la película Altamira que recoge el momento en el que María, la hija de Marcelino Sanz de Sautuola descubre las pinturas de Altamira. La niña está en una zona oscura de la caverna y coloca su mano sobre lo que intuyo es la huella de una mano pintada en la pared.  Creo que esta niña puede tener cierto temor porque está en un entorno solitario y desconocido. Imagino que la curiosidad que le produce descubrir una imagen impresa en la pared puede más que su miedo y le empuja a investigar, a conocer, a experimentar, a aprender...

¿QUÉ ME PREGUNTO?
Me pregunto por qué ninguno de los maestros y maestras que me hablaron de la prehistoria me dijo nunca que las mujeres podían haber jugado en ese periodo histórico un papel diferente al de recolectoras de alimentos y cuidadoras de los más pequeños .


Me pregunto por qué la mayoría de los libros de texto en los que se concentra el “saber” sobre determinados temas han decidido ignorar la posibilidad de que las mujeres fueran autoras de las diversas pinturas que se han encontrado en Altamira y en otras cuevas prehistóricas.

Me pregunto por qué hasta años después de haber estudiado la carrera de Bellas Artes no encontré el primer libro que ponía en duda la versión oficial de una Historia del Arte que invisibilizaba los aportes artísticos de las mujeres y no es hasta 2006 que un museo, el Museo de la Pehistoria de Valencia dedica una exposición al tema. Las mujeres en la prehistoria

Y me pregunto también, como ya lo hizo Eduardo Galeano en "Espejos. Una Historia casi Universal" ¿O eran ellas?


Si quieres tener más información puedes seguir el tablero Tagmer ALTAMIRA: Mujeres y prehistoria

sábado, 5 de marzo de 2016

SENTIR EL PRESENTE, SENTIR EL PASADO... #altamiraedu

“Toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral, pasa por el cerebro emocional” F. Mora Teruel. 

Este maravilloso momento que nos relata el Profesor Francisco Mora, es el que permite colorear la realidad al gusto de cada uno. 

Es aquí donde la percepción se convierte en la primera piedra para esculpir la pasión por “el arte”. 

Acompañamos a nuestr@s alumn@s en el desarrollo de sus procesos, pensamientos,… y debemos hacerlo también en el desarrollo de sus sentimientos. 


Hay que aprender a Pensar, y hay que aprender a sentir. 


Altamira es una oportunidad educativa para aprender a sentir. 
Podemos ver las pinturas, podemos mirarlas,… tenemos que escucharlas. 

No hay nadie con más imaginación que un niño. Es capaz de volver al pasado con la linterna del futuro, e iluminarlo para sentir como lo hacían aquellos “pintores”.


Seguramente se te ocurren muchas ideas sobre qué preguntarles a tus alumn@s cuando se presenten ante las pinturas. 
Simplemente con eso, estamos evocando la emoción.
Estamos disfrazándolos con la ropa de los protagonistas.
Acabamos de plantar la semillita de la curiosidad, de las ganas de descubrir.


Esto es sentir, esto es arte, esto es cine,… esto es APRENDIZAJE.


Te animamos a compartir tus preguntas,
¿Empezamos?